Es bien sabido que los problemas con la lectura y la escritura son una de las principales preocupaciones de la comunidad educativa: Maestros, profesores, especialistas del campo educativo, padres y finalmente, los mismos adolescentes, niños y niñas.

Pero vayamos al quid de la cuestión: ¿Qué pasa cuando en un niño se dan estas dificultades? El hecho de que a un niño le cueste leer con rapidez y precisión o que no sea capaz de escribir una palabra correctamente, aun habiéndola visto escrita mil veces, es motivo suficiente como para generar en ese niño un cierto malestar. Si además, estas dificultades se repiten en cada tarea que se le encarga, el malestar crece y pasa a convertirse en un sentimiento, a menudo inconsciente pero muy arraigado: No soy capaz, yo esto no lo sé hacer, soy tonto o soy distinto a los otros niños. No es en vano entonces, que cuando hablamos de cognición (manera como aprende el cerebro), irremediablemente hablamos de emoción (cómo se siente ése cerebro).
Llegados a este punto, nos planteamos la necesidad de ofrecer una ayuda a nuestro hijo o alumno y es aquí, donde padres, maestros y profesionales del ámbito educativo nos tenemos que mojar y conseguir reconvertir este sentimiento y positivarlo. La pregunta es ¿Cómo? Una de las mejores herramientas que tenemos a mano, o como poco, la más divertida es el juego.

A partir del último curso de Educación infantil (5-6 años), cualquier tipo de juego que nos permita relacionar un sonido con una imagen, como los puzles de abecedario, nos servirá como base para comenzar a automatizar el proceso lecto-escritor. Los juegos de rimas, útiles para la práctica en cualquier momento y lugar, fomentando la motivación del niño: ¿Cuántas palabras sabemos que empiecen por la letra….? O ¡A ver quién aguanta más! Buscamos palabras que rimen con…. O la infalible técnica del deletreo incluso para adultos a quienes todavía se les resisten las faltas de ortografía. Empezando por las más cortas (de 3 letras) y habituarles para ir aumentando a medida que el niño/adolescente se siente seguro.

El acompañante en este proceso permitirá a aquel niño angustiado empezar a recordar palabras, cada vez con mayor rapidez, atreverse a escribirlas y leerlas con más seguridad.
Si conseguimos que empiece a dominarlas, en lugar de sentirse dominado, habremos conseguido nuestro objetivo.
[1]Datos extraídos de l’aprenentatge en la infància i l’adolescència: Claus per evitar el fracàs escolar. Quaderns Faros, observatori de salut de la infància i adolescència. Hospital Sant Joan de Déu, Barcelona, 2010.
Marta Herranz Pujós
Psicopedagoga
Col. Núm. 00941


