Durante los 2 primeros años de vida se produce el aprendizaje más intenso que nos conducirá como humanos a adaptarnos al medio. Estos aprendizajes principales son la capacidad de desplazamiento, la comunicación y la interacción social.
Aunque nuestro cerebro está preparado para aprender durante toda nuestra vida, en esta primera infancia la plasticidad cerebral es extrema, de forma que permitirá sentar las bases para todo lo que aprendamos posteriormente y además algunas lesiones cerebrales que se hayan producido tendrán cierto margen de compensación, a diferencia de lo que ocurre en el adulto.

Sin darnos cuenta –estamos programados genéticamente para ello- cuando interaccionamos con un bebé ya estamos contribuyendo a su desarrollo psicomotor. La forma cómo los cogemos o cómo les hablamos, facilita sus conexiones neuronales. El afecto también juega un papel muy importante.

Estimulación del lenguaje
Fijaos la próxima vez que un adulto se dirija a un bebé: veréis cómo vocaliza más claramente las sílabas, cómo habla de forma más pausada y con mayor énfasis y cómo tiende a repetir algunas palabras.
El bebé está aprendiendo a integrar el lenguaje de esta manera. Los adultos lo hacemos sin darnos cuenta.
Mientras que los primeros meses nos puede parecer que el bebé es como un “muñeco” que come y duerme y se mueve relativamente poco, a partir del momento en el que su tono muscular ha evolucionado lo suficiente como para mantenerse sentado (alrededor de los 6-7 meses de edad), se produce una explosión en el desarrollo. Llamará nuestra atención de forma poderosa y contribuiremos a su crecimiento.
La manipulación más fina con las manos se producirá a los 9-10 meses, también aprenderá entonces a señalar cuando quiera algo y a imitar muchos de nuestros gestos. En el momento en el que empieza a imitar los gestos, los adultos nos volvemos un poco “locos” y empezamos a enseñarles muchas cosas. ¡Es una etapa muy divertida para todos!

Cada nuevo descubrimiento es muy emocionante para el bebé, y también para los padres, que de pronto nos damos cuenta que de un día para otro, parece que nuestro hijo “lo entiende todo”, y ha dejado de ser el “muñeco” de los primeros meses.
Amalia Arce
Médico pediatra



