Una estampa típicamente veraniega es ver a los pequeños con sus palas y cubos haciendo castillos en la arena, transportando agua y jugando sin parar hasta quedar extenuados. Los más mayores, hacen lo propio con los colchones inflables, juegos de agua, flotadores y accesorios de buceo, convirtiendo las vacaciones escolares en la mejor época del año.

Sin embargo, es imprescindible tomar algunas precauciones para que lo que debe ser una experiencia agradable, no se convierta en un problema cutáneo.
Todos hemos oído hablar de los rayos UV, aunque quizás no todos sepan que se distinguen en 3 tipos. Los rayos UVB son capaces de traspasar la atmósfera aunque una parte de ellos quedan bloqueados por la capa de ozono. Son los más peligrosos y dañinos para el organismo, y cabe recordar, que nuestra capa de ozono es cada vez más débil.
Los rayos UVA también son filtrados por la capa de ozono y, por sus características, tienen la capacidad de penetrar en las capas profundas de la piel, activando la producción de melanina que es la responsable del bronceado. Sin ser tan perjudiciales como los rayos UV, este tipo de radiación destruye el colágeno que da elasticidad a la piel y causa envejecimiento prematuro y manchas, lo que tras un abuso prolongado, puede dar problemas muy serios de piel.
También existen los rayos UVC que son los más perjudiciales de los 3, aunque afortunadamente, la mayor parte de ellos no llegan a la superficie terrestre quedando absorbidos por la atmósfera y estratosfera.

Entonces, para proteger la piel de los más pequeños ¿qué debemos hacer? Para empezar, debemos distinguir por edades. En el caso de menores de 6 meses, no es recomendable aplicar crema solar. Esto se debe a que la piel de los niños es más permeable, inmadura y tiene una mayor capacidad de absorción, con lo que no todas las cremas serían aptas debido a sus componentes.
Hasta los 2-3 años, sería aconsejable una exposición limitada al sol, protegiéndolos con ropas holgadas, gorras y calzado que cubra el empeine. Como método de protección adicional, existen tiendas o toldos protectores anti-UV especialmente concebidos para los más pequeños, reduciendo así la exposición al sol y brindándoles al mismo tiempo, un lugar apropiado para hacer una estupenda y reconfortante siesta o simplemente, sirviendo como área de juegos segura.
Y para los niños de hasta 12 años, debemos saber que todavía tienen una piel inmadura que no les protege de forma óptima. Por eso, al igual que los más pequeños, debemos evitar las horas de mayor radiación solar, entre las 11h y las 16h, aplicar crema con suficiente factor de protección e ir repasando cada 2 horas.
Ser conscientes de los riesgos y saber cómo afrontarlos nos va a ayudar a planificar y a disfrutar plenamente de las salidas a la playa.



